Edición Nro: 2781

EDITORIAL

Al tercer día resucitó...

Las esperanzas 4.0

Al tercer día resucitó...
La pascua en 2018 tiene un sabor muy distinto a la de 1978, por ejemplo, es decir, cuarenta años atrás. En aquella época no había ni Internet ni democracia y mientras esperábamos con ansias el Mundial 78, del que se disputarían partidos en nuestra ciudad, soñábamos con un mundo distinto al que hoy habitamos. Los que estudiábamos en colegios católicos vivíamos el rito de los santos tapados, la pena de la cruz y la alegría de la resurrección. En todo caso, el relato, nos colocaba a salvo de cuestiones más prosaicas, que el tiempo se encargó de sacar a la luz. Así y todo, la Pascua en la ciudad que a los ojos de su comisionado, Mario Russak, era "mediocre", no tenía piquetes en Luro e Yrigoyen, tampoco 160.000 pobres. El basurero pasaba de domingo a viernes y no faltaba ni el agua potable ni la luz. A la escuela pública se ingresaba por examen de ingreso y sus alumnos eran el orgullo de la ciudad. Definitivamente eran otras épocas.

Si Jesús resucitase, en el supuesto de que lo haya hecho hace casi dos mil años, en este 2018, sin duda que vería cosas distintas a las de aquella mítica Jerusalem. María, tal vez un tanto más rebelde, no se limitaría al rol de llorar una injusticia. Los gobernantes seguramente se lavarían las manos, pero en las redes sociales, un contra movimiento generaría el caos, capaz de derrocar a un imperio, pero no cuatrcientos años después, sino en apenas un par de semanas.

Así las cosas, Pascua significa paso, paso de un estadío a otro. Tal vez ese cruce de la vida a la muerte y a la vida eterna, en el cielo y a la derecha del padre, no sea más que una conveniente interpretación de los hechos, en los cuales seguramente Marx y Lenin, por caso diferirían bastante.

El bien se impone sobre el mal, es decir sobre aquello que es lo malo al punto de lo indecifrable. Jesús, de la manera que quiera vérselo, resucita en cada uno de nosotros para oponerse a tanta porquería y desidia, que mudan de envase pero mantienen su contenido.

El mundo dará otro giro, ahora con el Hijo de Dios, vivo para siempre, y con nosotros un poco menos espabilados que antes. Pero la vida eterna, esa en la que a veces nos permitimos dudar, está a un clic de distancia.

Autor:redacción | 2018-04-01 | Editoriales Anteriores | Compartir: