Edición Nro: 2752

EDITORIAL

La economía del tiempo

Otra vuelta más

La economía del tiempo
Si hay algo comunista en este mundo es el tiempo. Existe en una proporción igual para todos. Al menos en el aquí ahora. Si bien la economía incide en que algunos vivan un poco más y otros un poco (bastante) menos, no es menos cierto que aún con todo el dinero del mundo no se puede prolongar el tiempo de las personas, al menos, no indefinidamente. Desde el Pepe Mujica, que explicó como uno no compra las cosas que desea con dinero sino con el tiempo de vida que te lleva adquirir ese dinero, hasta el mismísimo Salvador Dalí y su reloj que parece escurrirse, la cuestión no parece saldada, ni mucho menos. Entonces, la pregunta dominguera de esta cuarentena eterna es ¿Acaso este gobierno, digamos planetario, no nos está confiscando nuestro bien más preciado, el tiempo, a cambio de una ilusión del futuro que no existe? La pandemia COVID19 del año 2020 creo que es el delito a nivel global más grande jamás perpetrado: visto así es el robo del tiempo a cada uno de los individuos del planeta, o al menos, para aquellos que se lo dejan robar.

En medio siglo de vida, largo, no se ha visto jamás una acción tan noble y vil al mismo tiempo. Todos los gobiernos del mundo obligando a los ciudadanos a quedarse presos en sus propias casas, sin capacidad de acción, por una pandemia que se ha cobrado menos vidas que los abortos clandestinos, las hambrunas, los accidentes viales, los accidente cardio vasculares o cerebro vasculares, incluso que las guerras inducidas por la economía del petróleo. Ahora parece ser que a todos los gobernantes del mundo les interesa que nos quedemos en casa ¿por nuestro propio bien?.

La lucha está declarada entre los ciudadanos pacíficos que se someten, aquellos que creen que la cosa es el Armagedón y los excépticos pecadores que quieren salir a trabajar, como antes de marzo de este año, como todos los días, ahora tal vez, guardando alguna precaución adicional. Los infectólogos, esos de los que nunca habíamos oído hablar antes, son poco menos que rockstars y los periodistas se han dormido atrás de un hashtag y un sueldo que, todavía siguen cobrando. Los inmorales empleados públicos, una buen parte de ellos, militan en el sector de la seguridad individual pero se niegan a que se les reduzca su salario: quieren seguridad y  libertad a la vez y eso, técnicamente, es imposible.

Los autónomos, la clase motora del país, pide a gritos que los dejen salir a laburar para seguir manteniendo a esa cantidad de gente que vive a expensas de ellos. Es casi como un síndrome de estocolmo de escalada mundial. Entonces todos, desde Chechenia hasta San Miguel de Tucumán, pasando por la ciudad que se les ocurra, creen que el virus puede matar indiscriminadamente a cualquiera. De paso es bueno recordar que al Arcángel Miguel, el mismísimo antecesor con que se honra a la ciudad tucumana, se le atribuyen roles específicos en la Iglesia católica que comprenden desde actuar como el oponente directo de Satanás hasta estar encargado de la salvación de las almas en el momento de la muerte de Lucifer. En cualquiera de los casos, sabemos que un alto funcionario checheno negó hace un par de días los reportes de la prensa estatal  en los que se indicaba que el presidente de la región, Ramzan Kadyrov, fue hospitalizado con posibles síntomas de COVID-19.

Ahora sí, desde el tiempo líquido hasta la solidez de las decisiones que nos privan de salir a buscar el metal, #quedateencasa parece ser que sería reemplazado por #dejatedehacerpreguntasyquedateencasa, porque, al menos por quince días más, vas a seguir consumiendo la historia oficial del tiempo.

Autor:Andrés Maslyk | 2020-05-24 | Editoriales Anteriores | Compartir: