Edición Nro: 2087

Sección 22 Papa Francisco

La deuda del retorno a su país

Los cinco años del Papa

Los cinco años del Papa Bergoglio, que como obispo había sido un duro objetor del kirchnerismo, se reconcilió con sus principales referencias políticas. Que después de cinco años Francisco no haya podido regresar a su país es más que una decisión estratégica, el síntoma de un problema serio para el papado.

El pontificado de Jorge Bergoglio comenzó con un episodio que marcaría a fuego su relación con Argentina. Desde ningún rincón del mundo surgieron objeciones a su elección. En Argentina, el gobierno kirchnerista y las organizaciones de derechos humanos lo acusaron de haber colaborado con la dictadura militar que perpetró en el país una serie innumerable de delitos aberrantes.

Cuando advirtió que caminaba a contramano del mundo, la expresidenta Cristina Fernández giró y el Vaticano abrió sus puertas a cuanto representante del antiguo oficialismo quisiera blanquear su imagen en el atuendo níveo del jefe de la Iglesia.


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Bergoglio, que como obispo había sido un duro objetor del kirchnerismo, se reconcilió con sus principales referencias políticas.

El triunfo de Mauricio Macri no le agradó. Comenzó a desgranar señales y a multiplicar vocerías para dejar claro sus diferencias ideológicas con el nuevo gobierno.

Atenazado entre sus posiciones políticas afines al populismo y el voto de los argentinos que eligieron un gobierno liberal, el Papa quedó en una posición incómoda.

Cedió casi hasta el límite el privilegio de elevarse por encima de las diferencias y operar como factor de unidad.

Aunque esas preferencias partidarias las ha negado el Vaticano tantas veces como fuese necesario, en noviembre pasado el teólogo brasileño Leonardo Boff las sinceró con la candidez de un vecino distraído y ajeno al conflicto.

“El Papa mismo le dijo a Dilma (Rousseff): ‘Tú sabes que yo soy peronista’”, declaró Boff a la televisión mejicana. Aclaró que las relaciones de Bergoglio con el kirchnerismo nunca fueron un remanso de paz.

Boff fue uno de los impulsores de la teología de la liberación y su ensayo crítico sobre las relaciones de la Iglesia y el poder motivó un proceso inquisitorial que condujo –antes de ser papa– Joseph Ratzinger. Fue condenado al silencio y vivió la elección de Bergoglio como una suerte de reivindicación de su audacia doctrinal.

En su reciente visita a Chile, la distancia entre Francisco y la Argentina resultó tan evidente que la admitieron incluso en el seno de la Iglesia.

“Es doloroso que pase por arriba nuestro y aterrice en otro lado”, dijo el vocero de la Conferencia Episcopal, Jorge Oesterheld.

La tensión con el Gobierno nacional, lejos de atenuarse, va en ascenso.

El presidente Mauricio Macri promovió el debate parlamentario de la despenalización del aborto. Un artículo de fe innegociable para la Iglesia.

Aunque Macri; la vicepresidenta Gabriela Michetti; la gobernadora María Eugenia Vidal; el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y la principal espada parlamentaria del oficialismo, Elisa Carrió, se pronunciaron en contra del aborto, lo cierto es que el gobierno se animó a romper el pacto que existía entre Cristina y el Vaticano para eludir el tema.

Que esta cuestión se debata en el país natal del papa es una turbulencia adicional para Francisco. Y un desafío para que exhiba hasta qué punto su programa reformista incluye también el respeto a la laicidad del Estado.

EDICIÓN IMPRESA 

Autor: redacción | 2018-03-12 19:16:00 | Compartir: