Edición Nro: 3096

EDITORIAL

El día después de la catástrofe

Es una cuestión interior

El día después de la catástrofe
Mirando hacia el interior se puede conocer la verdad, por dura que sea, a√ļn antes de que la misma sea pronunciada. La historia de los enga√Īos al ciudadano, urdidos a espaldas de √©l, con excusas pueriles y siempre, absolutamente siempre, con un discurso que explique todo, funcion√≥ hasta ayer. Hoy la gente puede comenzar a darse cuenta de que las cosas son m√°s simples: as√≠ como nadie muere de amor, pero muchos mueren por falta de medicamentos, atenci√≥n m√©dica o mala alimentaci√≥n, nuestra sociedad se debate entre lo que deber√≠a ser y no es. El mundo es as√≠, tramposo, como el com√ļn de la gente tramposa, c√≠nica, que han hecho de nuestra sociedad este c√ļmulo de excremento manifiesto. Claro que siempre se ve m√°s oscuro antes de clarear, no precisamos a Macri que lo explique, ni a Dietrich yendo en bicicleta a la gala con los Reyes de Espa√Īa. Hoy por hoy necesitamos imperiosamente la verdad, como veh√≠culo liberador de tanta angustia.

Lo bueno de sentirse abatido es el poder levantarse, una vez más, si fuera necesario, para seguir. El tenista que pierde guarda su toalla, sus raquetas y su cantimplora en el bolso, saluda y se retira, seguramente pensando en que habrá una próxima vez. Tal vez la muerte nos interrumpa esa esperanza, porque por lo demás, nada puede frenar el deseo irremediable de ser y trascender que cada uno de nosotros alberga en su interior.

La edad, las traiciones, la falta de empatía y otras amenazas pueden ser un freno, un límite difuso. Nada puede frenar nuestro ser interior si es que de él estamos hablando. Encarcelado, torturado, desaparecido, volvió 43 años después a decir presente. Abatido, envenenado por la falta de amor, el odio y el rencor, el ser sigue de pie, una vez más, como antes, como siempre.

Y nada podrá quitarnos lo que Menem, De La Rúa, Néstor, Cristina y Macri vienen intentando arrebatarnos: nuestro ser, inquebrantable, aún con errores, a veces lacayo e indiferente con el prójimo se levanta de la cama, desayuna (lo que puede) y grita presente.

Autor:Lic. José Luis Dranuta | 2019-03-28 | Editoriales Anteriores | Compartir: