Edición Nro: 3129

EDITORIAL

Say no more

El adiós al ídolo

Say no more
La vida es una paradoja. Una eterna b√ļsqueda de equilibrio. Un aprendizaje permanente para sortear las dificultades de la vida. Un t√≠tulo en ingl√©s es parte de esas dicotom√≠as que jam√°s se van a resolver.

Diego Maradona. Say no more. Un ídolo que ya es mito, con la conciencia de ser leyenda. Solo EL DIEZ. 1960 = ∞ Este símbolo de infinito alude a aquello que no tiene fin o límite. La curva lemniscata similar a un lazo cerrado representa un enlace entre lo divino y lo humano.
Se hace imprescindible hablar de la importancia del arte en la vida. Los artistas son aquellos que tienen una visión, se adelantan a su tiempo. Tienen una sensibilidad agudizada por los sentidos. Es por ello que están llamados a sufrir más. Son las esponjas que absorben esa energía que arrasa, esa quietud perturbadora.
¡Adiós barrilete cósmico! Poeta de las jugadas, creador de metáforas. Pero no es en este mundo donde veremos la perfección. La condición del ser humano es la insatisfacción. Según la dramaturgia shakespereana, el hombre está atravesado por las pasiones humanas. Podríamos rememorar ese momento crucial que cambia tu vida radicalmente y asume el destino ineludible. Ya lo retrató Sófocles en Edipo Rey.
La muerte de Diego nos enfrenta con nuestras propias pasiones. El adiós al ídolo se convierte en un fenómeno antropológico en la que se evidencia la sociedad que somos.
Fanáticos de nuestros amigos. Con impronta latina, expresamos nuestros sentimientos y exteriorizamos nuestras emociones. Cómo iba a quedar exento el pueblo argentino, el hincha, el fanático del fútbol. En esa expresión de dolor por la partida, la euforia que genera la masa, se genera el clima que antecede a la violencia. Pero, ¿cómo sorprenderse? Las cartas estaban echadas, la experiencia límite de enfrentar la muerte del ídolo, la identificación con su origen, la impotencia de saber que ante la vida, la muerte es ineludible.
Say no more. Las imágenes lo dijeron todo. El dolor por la sorpresiva muerte, el agradecimiento por los momentos de alegría, el respeto y admiración por el hacedor de milagros. El protagonista ineludible de la propia historia de realismo mágico. Y allí se entrelazaron sus padres, La Claudia, sus dos hijas, la familia, los amigos, los personajes sin identidad hasta que la vida le ganó al silencio. Y se agrandó la familia, se ensambló, se disgregó. Son altos los precios que se pagan por los errores. Y aquí saldó sus deudas y dejó más deudos. Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Los cambios culturales son un largo proceso.
Say no more, Diego ya no está. El barrilete cósmico remontó vuelo hacia el infinito y más allá. La leyenda se convierte en superhéroe. Brilla en lo alto, encandila su fulgor. Diminuta en el cosmos pareciera que se puede perder pero no, siempre brilla y cuando se mira fijamente uno tiene la sensación que esa partícula divina es parte del cosmos y uno se siente feliz.
Gracias Diego!!!
 

Autor:Redacción | 2020-11-27 | Editoriales Anteriores | Compartir: