Edición Nro: 3129

EDITORIAL

Se juega como se vive

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Se juega como se vive
Para un amante del tenis existen lugares comunes. El brazo corto, tirarla afuera, correr para atr√°s. Globo, drop shot y slice. El mundo gira entre el topspin y backspin. Este deporte tiene mucho m√°s que lo que la gente que apenas lo mira por tv puede imaginar. La met√°fora de la misma misma, respresentada en un rect√°ngulo, fundamentalmente de polvo de ladrillo en nuestro pa√≠s, se hace carne en cada rinc√≥n de la patria. Y se juega como se vive, con urgencias, pocos recursos, frente a rivales m√°s poderosos, en zona de confort, buscando la excelencia, o tratando de ganar a como de lugar, incluso robando puntos y cantando afuera aquellas pelotas que picaron adentro. Al fin y al cabo, es un deporte de caballeros y los caballeros roban lo necesario ¬ŅO la vida misma no es algo parecido, por no decir id√©ntico?

Un día cualquiera, acaso especial, el ser sale de su casa con el bolso de tenis, monta en su coche y va hacia el club para jugar un partido por un torneo. El mundo tiene un centenar de personas que viven de este deporte como reyes, mil que lo hacen de forma discreta, un millón que subsisten y 100 millones que nunca van a ganar absolutamente nada. Se supone que 300 millones juegan este deporte en todo el globo. Hablando en código tenis, no es algo recomendable intentar ganar el punto inmediatamente. Hay que prepararlo. Cada juego (game) es parte de un set, que luego termina consolidando un partido (match). Cada punto puede enviarte al mismísimo infierno o sentir que tocas el cielo con las manos. Todo vuelve a comenzar en el siguiente intento por jugar.

El partido de la vida es una suseción infinita de puntos que tenemos que pasar del otro lado de la red. La pelota, siempre, del otro lado, si es atacando, cuanto mejor, pero si no se puede, mientras pase para el otro campo dentro de los límites reglamentarios, es válida. Seguimos en juego. Argentina es un tenista que le pega con el marco muchas veces, muy de vez en cuando clava un winner y el resto se la pasa poniéndola en juego. Sin mucha estrategia, con poco entrenamiento, busca el tiro ganador de forma anticipada, sin preparar el punto. Y más veces de lo recomendado (que en teoría sería nunca) le roba puntos al rival, lo que hace que deje de ser confiable y cada vez menos quieran jugar con ella.

La patria delincuente, prima hermana de la patria olgazana, quiere jugar los domingos pero no se prepara en la semana. Y en el circuito del mundo, cada día los rivales entrenan más y mejor. Vivimos de los recuerdos de aquellos torneos que ganamos de forma épica, inédita, como el quinielero que cuenta el día que tuvo un pálpito y ganó, pero olvida todas las otras miles de veces que no pasó lo esperado. 

Ahora, en vísperas de un nuevo torneo, descubrimos que tenemos que jugar en una categoría menor, que estamos lejos del nivel que tuvimos, fuera de entrenamiento y con los meñiscos rotos. Así y todo hay algo de romántico en el hecho de querer seguir jugando. Se juega como se vive y ¿quién tiene el libro escrito de cóm odebería vivirse?

Autor:Andrés Maslyk | 2021-04-11 | Editoriales Anteriores | Compartir: