Edición Nro: 3096

EDITORIAL

"Quién va a pagar todo esto"

Si diez a√Īos despu√©s...

"Quién va a pagar todo esto"
A diez a√Īos de la barbarie nada ha cambiado. Por un lado, la Cumbre de las Am√©ricas de 2005 fue un hito en la historia del continente. N√©stor Kirchner, Lula Da Silva y Hugo Ch√°vez encabezaron la oposici√≥n el tratado de libre comercio que propuso George Bush y dieron inicio a una construcci√≥n regional que se fortaleci√≥ con los a√Īos. Por el otro, el Chacho Berrospe y los suyos reventaron vidrieras y ensuciaron paredes de la ciudad financiados por fondos que a√ļn hoy generan resquemores (se cre√≠a incluso que hab√≠an sido incentivados por el entorno del gobierno para cometer estas tropel√≠as). Hoy, diez a√Īos despu√©s, nuestra ciudad volvi√≥ a darle albergue a una sarta de degenerados (y degeneradas) que arruinaron nuestro patrimonio y que fueron financiados por el mismo entorno que generase aquellas sospechas ¬ŅEs necesario avanzar m√°s en esta direcci√≥n para descubrir qui√©nes est√°n detr√°s de esta barbarie?

Nuestros pobres, nuestros excluidos, nuestros países, ya no soportan más que sigamos hablando en voz baja", dijo Néstor Kircher en su discurso de cierre de la IV Cumbre de las Américas, el 5 de noviembre de 2005 en Mar del Plata, y el auditorio estalló en aplausos. Ese día, los países de América Latina habían tomado, en conjunto, la decisión histórica de enfrentarse con la política económica de Estados Unidos. Fue el comienzo de una década en la que los países del sur empezaron a hablar en voz alta. En el cierre vinieron los destrozos callejeros. El Banco de Galicia, alfajjores Havanna y el Kiosco de Colón y Santa Fé, por caso, representaban el capitalismo salvaje y fueron destruídos.

Hoy, las mujeres después del encuentro y la barbarie dijeron que pelearon por sus derechos y que los incidentes no tuvieron que ver con ellas. Los aerosoles, las capuchas, el excremento arrojado, entonces, no era de ellas. Nuestras escuelas le dieron albergue, nuestra ciudad las recibió en paz, y los ciudadanos comunes, hasta el más desprevenido, sabíamos que esto no iba a terminar bien. Así y todo el pueblo esperó en paz. Y terminó en guerra.

Así las cosas, nos toca una vez más pagar los platos rotos. Las paredes sucias y la desidia del gobierno que, ausente de inteligencia previa, les permitió cometer estos desmanes y ahora nos dice que les van a reclamar el dinero de las reparaciones ¿ Y el adño moral? ¿Y el lucro cesante como colectivo social? ¿Y la pérdida de credibilidad que sufrimos, una vez más? 

Tal vez no sea lo más adecuado pero la pregunta de don Humberto Illia, "Quién va a pagar todo esto", sea la mejor reflexión.

Autor:Lic. José Luis Dranuta | 2015-10-13 | Editoriales Anteriores | Compartir: